miércoles, diciembre 17, 2008

Odiosas comparaciones

Leo en EBD que el Real Madrid pretende fichar a Lassana Diarra y no puedo evitar ponerme a escribir un nuevo post, a pesar del tiempo pasado desde el último. Las comparaciones por lo general suelen ser odiosas e injustas, pero no puedo resistirme a comparar la filosofía de los dos equipos más laureados en su competición doméstica de las grands Ligas de Europa. Hablo del susodicho Real Madrid y de la Juventus. Comenta Gaby Ruiz en su blog, muy acertadamente, que la verdadera diferencia entre el Real Madrid y la Juventus no es en esencia el fútbol practicado, el estilo en sí mismo. Estilos, como colores, hay muchos y están ahí para elegirlos. La Juventus ha tenido y tendrá siempre un mismo estilo, tan identificativo, que le sirve para salir de las peores situaciones tirando de historia y de filosofía al más puro estilo italiano. El Real Madrid lo tenía, pero a día de hoy, derrotado en el Camp Nou, en puestos de UEFA y a doce puntos del líder en la Liga, no lo tiene. No es cuestión de jugar mejor o peor. Es cuestión de saber a qué jugar o no saber a qué jugar. Mientras unos los saben, otros lo desconocen.

Por tanto el problema del Madrid no se arregla única y exclusivamente con jugadores medios que despunten en una determinada época del año. Por muchos Diarra que el equipo ostente en su vestuario, mientras la filosofía de trabajo y de juego no esté clara, o como mínimo, siquiera se haya planteado, no servirá absolutamente para nada. Las carencias en el estilo, en el plan, en un equipo, se suelen suplir con megaestrellas del firmamento mundial cuya luz ilumina a la humanidad y demás calificativos en los que se prodigan los plumillas del periodismo deportivo español. Digo que se suplen con ellos y la prueba que refuta esta teoría es el mismo Madrid de hace cinco años, el de los galácticos que ganó la última Liga de Florentino. ¿Plan? En el 2000 el equipo estaba desquiciado en Liga, de hecho terminó quinto, pero la Copa de Europa y jugadores superiores como Seedorf o Redondo suplieron las carencias de un conjunto que no se comportaba como tal. Llegaron los galácticos, el plan siguió siendo inexistente, se ganaron dos Ligas y una Copa de Europa gracias a las genialidades de tipos como Zidane, Figo o Ronaldo y todo fue jauja y golosinas.

Sin embargo descubrimos el error de fondo cuando la pieza que unía defensa y ataque se sintió mal tratada y despreciada. Se marchó Makeléle y el equipo mostró unas carencias hasta la fecha desconocidas, esto es, una falta de plan, de estilo, de filosofía determinada alarmante. Esa carencia, esa falta de plan, no se solucionó jamás con la llegada de Calderón, que se limitó a tapar parches y a tirar de heróica para conquistar dos Ligas. Hasta hoy. La Juventus venció el domingo al Milan y pudo golearle. Si repasamos su alineación titular, restando a Nedved y Del Piero, jamás hubiéramos deducido que tal equipo se trataba del juventino. Probablemente el equipo de Turín tenga más bajas en la enfermería y menos estrellas que el de Madrid. Allí, no se quejan. Saben que el trabajo, la planificación y un estilo, en resumidas cuentas, saber a qué se juega, consigue solventar cualquier problema de calidad que el equipo ostente, por muy grande que sea. Las diferencias, en efecto, son odiosas.

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martes, noviembre 11, 2008

Visiones diferentes

Higuaín marcó cuatro goles el sábado a eso de las 20:00 y Eto'o, tras comenzar el partido que enfrentaba al Barcelona contra el Valladolid, se dispuso a hacer lo mismo. Ambos marcaron cuatro goles, y ambos mantienen a día de hoy una relevancia inusitada para la prensa primero, la afición después y el equipo en última instancia, aunque pueda parecer aberrante y de nulo conocimiento futbolístico afirmar esto último. Para la prensa porque crear héroes siempre mola. Se venden periódicos a raudales y se escriben ríos ventajistas de tinta sobre las habilidades siempre latentes en el jugador de turno, ya vista de blanco o baulgrana. La afición crea héroes pero de una manera diferente, sin ánimo lucrativo, o al menos no más allá del puro espectáculo y gozo de su equipo. Y sí, en última instancia el equipo, para quien cuatro goles siguen siendo cuatro goles los marque quien los marque. Dicho sea de paso, otro día los marcará otro y así sucesivamente. A pesar de ello, a pesar incluso de que alguno prepare ya la retahíla de insultos, no niego que ambos dos protagonistas tuvieron un día de gloria.

Pero con connotaciones diferentes, y me gustaría hacer hincapié en esto ya que desde la siempre simpática prensa madrileña se comienza a vender la figura de Higuaín como la respuesta a todos los males del Madrid, que no son pocos. Higuaín es un jugador con futuro, rápido, con desborde y hasta hace un par de meses con una inutilidad crónica a la hora de encarar con asiduidad a la portería. De golpe eso ha desaparecido. De golpe Higuaín ha marcado cuatro goles fruto de la desesperación de su equipo, de la necesidad del Madrid de Schuster de creer en dioses y en héroes ante su fatal coordinación táctica sobre el terreno de juego. Los goles de Higuaín son el fruto de un grito desesperado de un equipo que tan sólo sabe actuar cuando se aferra a la épica, cuando está todo en contra, cuando lo paranormal llama a sus puertas. El Madrid necesita hoy héroes y el argentino lo fue por una noche marcando todos los goles en el Bernabeú para vencer a un mucho más digno Málaga y mantenerse arriba. Higuaín no debe ensombrecer el verdadero motivo de sus goles. Una desidia latente atrás y un desorden generalizado. Anarquía. Es por ello por lo que se recurre a la épica.

Tras Higuaín llegó el todopoderoso y fogoso Barcelona para dar la réplica al Madrid. Lo hizo, como lo lleva haciendo toda la temporada sin rubor alguno, sin vergüenza y sin compasión. Dos años de sequía y sobre todo de desesperación total han reconvertido al Barça en un animal insaciable que tan sólo encuetra cierto alivio a su dolor en unas goleadas que, sin llegar a ser históricas, destacan por su cantidad en el calendario. Almería, Atlético de Madrid, Basilea, Valladolid, Málaga y probablemente me deje alguno por el camino. Muchos goles, muchos de Eto'o quien se tomó la actuación de Higuaín como si fuera algo personal y quien personifica la voracidad de su equipo. Tiene gracia recordar cómo hace tres meses estaba defenestrado y con pie y medio fuera del equipo por culpa del que hoy mismo es el nuevo mesías culé, Guardiola. Una gracia inmensa. Lo de Eto'o es diferente. Sus cuatro goles son la consecuencia del fútbol semi-perfecto del Barcelona. No de la épica. Es fruto de la lógica. Probablemente estos tres párrafos supongan un razonamiento inocuo a lo largo de la temporada. Pero temo que los cuatro goles y los motivos de su consecución, sean en mayo las metáforas perfectas de la temporada que nos abandonará.

PD: Gracias de nuevo al equipo de El Balón Digital por invitarme una vez más a colaborar en el blog. Tras unos meses algo perdido en no sé donde vuelvo para cada semana dejar algunos pensamientos.

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domingo, junio 15, 2008

Crónicas de un español descreído (II)

Cuando España peca de horizontalidad suele pagarlo. Ibrahimovic controló, dejó a Ramos en el suelo y Casillas inexplicablemente no fue capaz de para rel balón que mansamente se introdujo en la red de la portería española. Los suecos, provenientes de su lejana peinínsula helada del norte, palntearon un partido físico y sin fisuras atrás. Me sorprendieron, para que nos vamos a engañar. Me esperaba de Suecia un equipo más ofensivo, a pesar de el confirmado mito de que es un equipo diseñado para jugar a la conta, al más puro estilo danés de toda la vida. Suecia no mereció nada, pero España acusó en exceso la falta de brillantez de ambos delanteros. Ni Villa ni Torres hicieron el partido de su vida a pesar de que ambos marcaron y de que ambos lucharon todo lo que pudieron o supieron.

Ganamos, sí, en el último minuto, sí, como los grandes, dicen algunos, vale. No me lo creo. Un error del central sueco permitió a Villa batir a Isaksson tras 92' minutos de juego poco fluido y sin profundidad. A España le faltó velocidad y movilidad arriba. Se demostró, por enésima vez, que un partido sin defensas abiertas y sin espacios al más puro estilo Rusia no nos conviene en absoluto. A pesar de tener la pelota. A pesar de no perderla. E incluso a pesar de jugar al toque, decentemente y en ocasiones brillantemente. Me gustó Fábregas, he de decirlo, ya que demostró que su único problema en la selección es la alargada sombra de un Xavi que ayer desapareció. La entrada de Fábregas revitalizó al equipo que jugó mejor pero sin mucha idea de cómo replantear el partido ante la inmóvil defensa sueca. En favor de España, he de decir que jamás un error en defensa valió para tan poco. ¿Alguien sabe qué fue de Sergio Ramos? Antes de la Eurocopa era probablemente el mejor valuarte de España y ahora no deja de ser un agujero en defensa y un jugador menos al que pasarle el balón. Por cierto, segundo pelotazo de Capdevilla segundo gol. Eso sí es suerte.

España está en cuartos. Se enfrenta a su historia y a su propia leyenda en lo que va a suponer una prueba de fuego para esta generación, sabedora de la importancia de un éxito -pasar de cuartos es un éxito, sí, somos así, no nos engañemos- como el que pueden conseguir en esta Eurocopa. Quizá del partido contra Rumanía, Italia o Francia se deposite el futuro de una excelente generación que puede pecar de falta de verticalidad y velocidad, pero no exenta de calidad. España, es cierto, duerme y amansa al rival haciendo lo propiot con el balón. Pero no es menos cierto que una genialidad de cualquiera de los nuestros resuelve el partido. Y jamás hemos tenido ese factor. He de suponer y de esperar para la selección que será Rumanía quien se enfrente a los pupilos de Aragonés en cuartos. Bien, puestos a elegir me quedo con ellos. Primero porque el partido sería un éxito de audiencia en España, segundo porque quizá un equipo sin renombre sirva de estímulo para cumplir el objetivo de las semifinales, y tercero porque ni a Francia ni a Italia les quiero ver ni en pintura. Especialmente a Francia, contra quien la historia, pesa más que nunca.

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miércoles, junio 11, 2008

Crónicas de un español descreído (I)

Más allá del resultado, más allá de los tres goles de Villa e inclusive más allá del juego desplegado por momentos brillante en la segunda mitad, lo que más me sorprendió de España fue la actitud que posó sobre el terreno de juego. Resultaba un tanto extraño ver a España jugar anoche sobre el terreno de juego. Parecía otra selección. Parecía una Alemania o Francia de la vida. Un equipo serio, que sabe a lo que juega y que hasta con cierto porcentaje de suerte es capaz de intimidar al rival como pocos lo saben hacer. Rusia jugó bien, fue un rival digno, pero se fue a su hotel pensando qué narices había hecho tan mal para merecer tanto castigo. En absoluto Rusia jugó como para acabar goleada, pero finalmente, fue goleada, y eso, el intimidar y dejar la sensación a tu rival de no haber hecho tanto como para terminar tan herido, es lo que diferencia a los equipos grandes de los pequeños. A las selecciones que ganan de las que caen en cuartos.

Y ahora sí, es conveniente de nuevo echar el freno. No debemos crear la euforia desmedida que tendemos a crear entre todos cuando un partido nos sale bien. Es cierto que la actitud, no ya el juego insisto, fue espléndida. España tuvo la certeza de tener todo bajo control y ninguno que viera el partido podría imaginar que el combinado nacional no supiera realmente que estaba haciendo. Es cierto, sí, España se adaptó a la forma de jugar de Rusia en lo que significa la mejor noticia del partido, pero no debemos lanzar ninguna campana al vuelo. Son tres puntos y era Rusia. Todo esto, sobre el papel precioso y casi pintado de colores fosforitos, ha de demostrarse cuando Italia, Francia u Holanda estén enfrente, en los ya fatídicos cuartos de final que no somos capaces de superar desde el 84. Hay motivos para creer pero no debemos caer en la euforia desmedida que siempre consigue que seamos los más desgraciados del mundo.

Eso sí, si España juega como jugó anoche, con espacios, al toque rápido y vertical, y caemos ante Italia en cuartos, no habrá reproches. Porque habremos sido nosotros mismos y por una vez en la vida volveremos a casa con la moral alta. Por una vez. Ni robados ni desgraciados, simplemente perdedores en un juego en el que hay que ganar y hay que perder para saborearlo en toda su magnitud. El partido dejó todas las lecturas que uno pueda querer hacer, sin embargo me gustaría centrarme en los aspectos más negativos. Por un lado Marchena, por momento Marchenov, ya que su ineptitud para sacar el balón jugado se transformó en pases dificultosos a Casillas y en numerosos regalos de balón. Estuvo notable en defensa y al corte pero jamás hay que darle al balón a Marchena. Las transiciones defenas-mediocampo son lentísimas con él y corremos peligro de sufrir ante un equipo mejor que Rusia. Por otro lado hay que destacar el mediocre partido de Ramos, superado siempre por Zhirkov y Bilyaledtinov. Y finalmente, las jugadas a balón parado, donde sufrimos mucho más de lo debido. En definitiva, destacable juego y encomiable actitud, una actitud que suele llevar lejos. Eso sí, no debemos desatar la euforia ya que es una enfermedad como la peste, y corremos peligro de morir por el contagio.

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viernes, mayo 23, 2008

Marca y Cristiano Ronaldo

Leo las sucesivas portadas que Marca ha ido dedicando esta semana al caso Cristiano Ronaldo y me estremezco. La prensa deportiva tiene un serio problema, pensé la primera vez que ví esta vergonzante portada. Al parecer para Marca la noticia no era que el Manchester hubiera ganado la Liga de Campeones tras un emocionante partido ante el Chelsea. Eso es secundario. La noticia, en realidad, no dejó de ser las dudosas verídicas palabras que el director deportivo mancuniano le debió dedicar, supuestamente y siempre según Marca, a Ramón Calderón: "Ramón, no me jodas con Ronaldo... [¿No te lo irás a llevar?]". Más allá de la lamentabilidad del periódico, y entrando dentro de lo que es Marca, podríamos analizar detenidamente lo que David Gill, comentó supuestamente a Ramón Calderón tras la final de Moscú.

Bien, imaginen que son ustedes aficionados o directores deportivos del Manchester United. Tras ganar la Copa de Europa. Lo último en lo que pensaría sería en si Ramón Calderón quiere llevarse a Ronaldo o no. Pero eso es secundario. Lo mejor sería imaginarse la expresión de David Gill en inglés, a saber: "Ramón, don't break my balls with Ronaldo" o: "Ramón, don't fuck me with Ronaldo". Ambas se antojan algo inverosímiles tras una final de Champions en la que tu equipo gana. Quizá Gill jurara en contra de Calderón debido a su impertinencia, o quizá jurara en contra del periodista de Marca obsesionado con el fichaje de Cristiano Ronaldo por el Madrid. Quizá dijera tantas cosas. La fuente de Marca es un tipo que estuvo allí presente, pero pretenden que nos creamos que esa es la noticia fundamental de la noche, y no el penalty fallado por el pobre Terry. Poco más se puede decir de un periódico tan, por decirlo suavemente, lamentable.

Y es que Marca ha perdido el rumbo de nuevo. Se enfrasca en batallas perdidas por los nuevos fichajes mediáticos del Madrid. Como si no hubieran tenido suficiente con los galácticos. Como si necesitaran vender más todavía de lo que venden, a costa de sacfiricar el periodismo y una profesión que cada día está más manchada de intrusismo y poca calidad. Marca este verano decía que quería cambiar de imagen. Duró poco. Esta semana ha sido un carrusel de portadas dedicadas al fichaje de Cristiano Ronaldo por el Madrid. Más allá del interés o no, el sensacionalismo más puramente amarillista de The Sun que de cualquier periódico español, impregna el Marca cada mañana. Sin ir más lejos, la portada de hoy está de nuevo dedicada a Ronaldo. Probablemente si Ronaldo ficha por el Madrid, Marca se apuntará el tanto. No me extrañaría, medio fichaje sería suyo. Y no sería de extrañar que de los 80 millones anunciados hoy, Marca pusiera 30. Tal y como lo venden.

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miércoles, mayo 14, 2008

Cuatro equipos, tres finales, una plaza

Probablemente no haya drama más doloroso en el fútbol como jugar para no descender. Sin embargo, a pesar de saber que es el peor castigo que un equipo y una afición puedan recibir, la lucha por el descenso suele estar ecplipsada por la larga sombra que la lucha por el campeonato de Liga desprende cada jornada. Sin embargo, cuando la mediocridad de una temporada provoca que el campeón de facto se supiera tiempo atrás, la lucha por el descenso, de repente, cobra un protagonismo inusitado y es entonces cuando, si somos aficionados de otros equipos, miramos hacia abajo y comprobamos cómo efectivamente, por muy mal que le haya ido a nuestro equipo siempre hay situaciones peores. Y así están 14 equipos de primera división. Porque dos están descendidos. Y sobretodo, porque cuatro se juegan a vida o muerte la supervivencia en un sólo partido.

Quizá nadie merezca realmente bajar. ¿Quién podría objetivamente afirmar que un equipo merece más que otro quedarse en la máxima categoría del fútbol español? Si partimos de la base de que la objetividad no existe la respuesta es nadie. Y sin embargo ahí está. El descenso existe, es algo real, y el drama te pasa factura cuando en junio todavía no has hecho los deberes. Y nadie en las altas esferas del fútbol se acuerda de eso. O nadie quiere recordarlo. Es la batalla perdida, la gloria robada, la épica olvidada, el mérito frustrado. Salvarse con una plantilla parca de recursos tiene más mérito que ganar la Liga tras haber desmbolsado 200 millones de euros. Pero eso nadie lo recuerda. Y ahí reside parte del drama de los equipos que el próximo fin de semana se juegan la vida en una final.

Son concretamente tres finales, una de ellas aderezada al ser un enfrentamiento directo entre dos candidatos al descenso. Si actualmente hubieramos de señalar a alguien para caer a Segunda División acertaríamos al nombrar al Zaragoza. Aunque suene raro. Aunque a principio de temporada creyéramos que el Zaragoza iba a estar en Uefa o Copa de Europa. Aunque sea el mayor drama que La Romareda haya contemplado jamás. Sin embargo el Zaragoza, como el Valladolid, como el Recreativo y como el Osasuna, se salva ganando. Depende de sí mismo y debería ser suficiente. A fin de cuentas todos dependen de sí mismos gracias al partido que enfrenta a Recre y Valladolid. Ya no vale hacer pronósticos, ya no vale jugar a ser mago. No vale porque son tres finales. Poco importará lo que cada equipo haya hecho cada jornada, poco importará cuanto valga cada plantilla. Es como una final de Copa. Si ganas obtienes la gloria sí o sí, si pierdes no. En el caso del Zaragoza es una final exacta, clavada a cualquiera final de Copa que haya ganado o perdido. Prima la experiencia. El resto se salva si pierde el Zaragoza, pero también lo hace ganando. Más de 27 combinaciones posibles. Agarren el transistor. Asistan al drama de no descender. Probablemente al año que viene no volvamos a recordar que esos equipos se juegan tanto, hasta mediados de mayo, de nuevo.

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jueves, mayo 08, 2008

Un pasillo que duró 90 minutos

Se había hablado durante toda la semana de ello e incluso Marca estaba dispuesto (seguirá estándolo supongo) a regalar un póster gigante inmortalizando la imagen del Barcelona haciéndole el pasillo al Real Madrid. A fin de cuentas fue lo menos importante de todo el encuentro. El Barcelona, lejos de ser humillado, pareció más equipo y mucho más digno cuando hizo el pasillo que durante el resto del partido. En realidad, el pasillo, antaño ocupador de portadas en Madrid, no fue más que una triste o risoria anécdota (según por donde miremos) del resto del partido, ya que quienes vimos el partido recordaremos para el futuro el gigante pasillo que los baulgrana le cedieron al Real Madrid durante los noventa minutos.

Laporta quizá aprenda de una vez a callar la boca y a no soltar tan alegremente que su Barça le iba a meter 0-5 al eterno rival. Quizá, claro, ya que el problema del Barça y de su entorno probablemente será el mismo que tuvo el Madrid de Florentino. Ensimismarse en su plantilla, seguir creyendo que son los mejores y pensar para su desgracia que esta Liga también la han regalado. 17 puntos avalan lo contrario, y es que, lejos de haber regalado la Liga, ni siquiera han sido capaces de colocarse delante de los blancos alguna vez para luego cederle el sitio. Sería caer en una utopía decir que el Barcelona ha regalado al Liga. El partido de ayer dice todo lo contrario. El resultado, en realidad, es lo de menos. El 4-1 supone algo más. Recordé cuando el Real Madrid marchaba 3-0 en el minuto 60' la portada que Marca le dedicó al Barcelona - Real Madrid de la temporada 2004/2005, cuando el Barça vapuleó al Madrid galáctico. La situación venía a ser la misma.

Un equipo fúnebre y moribundo deambuló ayer por el Bernabeú con ningún espíritu, más allá de la lucha de Henry contra los elementos y contra sí mismo. Extraña temporada la del francés si ayer fue su mejor partido, que lo fue. El único que pareció correr y no querer perder, más allá de las tres genialidades de Messi o de las escasas paradas de Valdés. El resto miraba. Y quizá se miraba a sí mismo en un espejo, ridiculizando su situación y en lo que el mejor equipo antaño del mundo se ha convertido. Una feria, quizá, un desastre, seguro. Un detalle, faltaban Deco, y Eto'o, Ronaldinho las tres piezas claves del gran Barça de hace dos años. Si algunos anunciabamos hace tiempo el cambio de ciclo el partido de ayer supuso la confirmación. Ahora toca despedir a Rijkaard (no lo considero el culpable) y hace runa limpia con cabeza. No vale tener miedo y vender a Gudjohnsen y Thuram. Ellos no son los culpables. Pero eso, ya será el culebrón del verano.

PD: Esta es mi primera colaboración y me gustaría dar las gracias a Dinius y a todo el equipo de El Balón Digital por invitarme a escribir en su blog. Supone un honor y un auténcico placer.

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